Luis Lozano
Alegato contra el genocidio en Gaza y en defensa de la infancia.

Alegato contra el genocidio en Gaza y en defensa de la infancia.

Mientras se asesina niños en Gaza

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Apartado La vida


Yo, como psicólogo, no puedo callar. No puedo mirar hacia otro lado mientras se asesina a niños en Gaza. Cada niño muerto es un universo perdido. Cada niño que sobrevive lo hace con heridas invisibles que lo acompañarán toda la vida.

Sé lo que esas heridas significan. He acompañado a personas que viven con trastorno de estrés postraumático (TEPT): pesadillas interminables, sobresaltos constantes, miedo en la piel. He visto lo que deja un trastorno de apego: la imposibilidad de confiar, de sentirse seguro en los brazos de otro. Y sé lo que es un trauma complejo: crecer con la identidad rota, sin autoestima, con el alma convencida de que el mundo es un lugar peligroso e impredecible.

Esto no son metáforas: es ciencia. La guerra deja daños en el cerebro y en el cuerpo. El estrés tóxico y crónico altera el desarrollo neurológico, daña la memoria, afecta el aprendizaje, debilita el sistema inmunológico y acorta la vida (Shonkoff et al., 2012). No hablamos de “recuerdos dolorosos”, hablamos de biología marcada por la violencia.

Y lo más devastador: el trauma no se queda en la generación que lo sufre. La ciencia de la epigenética ha demostrado que los traumas colectivos dejan huellas en los genes, que después se transmiten a hijos y nietos. Así lo han confirmado estudios con descendientes de sobrevivientes del Holocausto (Yehuda et al., 2016) y del genocidio de Ruanda (Perroud et al., 2014). Lo que hoy viven los niños en Gaza seguirá vivo en las generaciones futuras, como un eco del dolor que no se apaga.

Se argumenta que la violencia es “respuesta” a un ataque terrorista. Pero nada, absolutamente nada, justifica el exterminio sistemático de un pueblo. El terrorismo de Hamas no puede ser respondido con el genocidio de miles de inocentes. Defenderse no puede significar asesinar a niños y sembrar un trauma intergeneracional. Quien mata niños no se defiende: destruye la humanidad en su raíz.

Callar ante esto es complicidad. Callar es normalizar lo intolerable. Yo no quiero ser cómplice. Por eso levanto la voz: la matanza de niños en Gaza es un crimen contra la humanidad, contra el presente y contra el futuro.

Este no es un asunto político, es una cuestión ética. No tomar partido es tomar partido por el verdugo. Defender a los niños de Gaza es defender la dignidad de toda la humanidad.

 

Referencias

  • Shonkoff, J. P., Garner, A. S., & The Committee on Psychosocial Aspects of Child and Family Health (2012). The lifelong effects of early childhood adversity and toxic stress. Pediatrics, 129(1), e232–e246.
  • Yehuda, R., Daskalakis, N. P., Bierer, L. M., Bader, H. N., Klengel, T., Holsboer, F., & Binder, E. B. (2016). Holocaust exposure induced intergenerational effects on FKBP5 methylation. Biological Psychiatry, 80(5), 372–380.
  • Perroud, N., Rutembesa, E., Paoloni-Giacobino, A., Mutabaruka, J., Mutesa, L., Stenz, L., … & Malafosse, A. (2014). The Tutsi genocide and transgenerational transmission of maternal stress: Epigenetics and biology of the HPA axis. Translational Psychiatry, 4(7), e448

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